22 DE FEBRERO

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO I. MADERO

Cuando Madero asumió la Presidencia el 6 de noviembre de 1911, persistían conflictos entre los grupos revolucionarios. A pesar del cambio democrático, el Congreso de la Unión seguía siendo el mismo de la época de Díaz hasta agosto de 1912; desde el Poder Legislativo los opositores a Madero no perdieron oportunidad para mostrar su desafecto y obstruir su política. Asimismo, el Poder Judicial continuaba en manos porfiristas. En los estados había agitación social por la renovación de poderes, por lo que hubo rebeliones, con tendencias revolucionarias y contrarrevolucionarias.

El gobierno de Madero no sólo enfrentó las sublevaciones en su contra las cuales ocurrieron entre finales de 1911 y 1912, sino también se vio combatido por la prensa, lo cual dificultaba el ejercicio del poder y hacía difícil, a veces imposible, llevar a cabo las reformas y los cambios concebidos en su programa de gobierno.

El 23 de enero de 1913, el grupo parlamentario Bloque Renovador de la Cámara de Diputados, afín a Madero, hizo saber al presidente la gravedad de la situación para tomar medidas contra los implicados en la previsible conspiración y contra quienes, el mismo gobierno no hacía nada.

La Decena Trágica inició con la rebelión ocurrida la madrugada del 9 de febrero de 1913 en los cuarteles de Tacubaya y en la Escuela Militar de Aspirantes, ubicada en Tlalpan. Los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz la dirigieron desde Tacubaya, mientras que los cadetes, al mando del teniente Zurita, tomaron Palacio Nacional.

Las tropas comandadas por los generales Mondragón y Ruiz tomaron la prisión de Santiago Tlatelolco y liberaron a Bernardo Reyes, quien de inmediato se puso al mando de las fuerzas; otro grupo tomó la penintenciaría de la ciudad y liberó a Félix Díaz, dirigiéndose inmediatamente a Palacio Nacional. Allí se enfrentaron a las tropas leales al gobierno maderista comandadas por el general Lauro Villar, quien combatió a los rebeldes y recuperó Palacio Nacional, ahí cayó muerto el general Reyes.

El presidente Madero, enterado de los combates y escoltado por los alumnos del Colegio Militar y por algunos ministros y amigos salió del Castillo de Chapultepec, hacia Palacio Nacional. Durante el recorrido por Paseo de la Reforma y avenida Juárez fue aclamado por la población, expresándose así el respaldo civil.
A tal acontecimiento se le conoce como la Marcha de la Lealtad. Sin embargo, los ataques de los rebeldes lo hicieron refugiarse en el local que ocupaba la Fotografía Daguerre, ubicada en el primer cuadro de la ciudad, en la calle que hoy lleva el nombre de Francisco I. Madero. Allí se le incorporó el general Victoriano Huerta, quien fue designado por el Ejecutivo para asumir el mando de las fuerzas gubernamentales, en sustitución del general Villar, quien fue herido en los combates. Una vez recuperado el Palacio por las fuerzas leales a Madero, el gobierno acordó llamar a los cuerpos rurales de Tlalnepantla y San Juan Teotihuacán, el 38o. Batallón de Chalco y al 29o. de Toluca, bajo las órdenes de Aureliano Blanquet, con la finalidad de sofocar
la rebelión.

Con el mismo propósito, Madero se dirigió a Cuernavaca para auxiliarse con la brigada de Felipe Angeles, hombre leal a su gobierno. Mientras tanto, Huerta entró en tratos con Félix Díaz. A partir de ese momento, el primero ordenó ataques de manera que no se causara daño a los rebeldes, pero sembraron pánico entre la población civil.

El 11 de febrero Huerta fue designado por órdenes presidenciales comandante militar de la plaza. Paralelamente a estos acontecimientos, se desarrollaron los intentos de intervencionismo por parte del gobierno de Estados Unidos de América y los países europeos, siendo protagónico el papel desempeñado por el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, quien logró atraer la atención de su gobierno para enviar fuerzas armadas a las zonas fronterizas y a las costas del país, así como conseguir el apoyo de casi todos los embajadores europeos y latinoamericanos acreditados en México.

Entre tanto se verificaron una serie de contactos entre Victoriano Huerta con el embajador Wilson. De los días 12 al 17 se llevaron a cabo intensos bombardeos, que provocaron la muerte de un considerable número de ciudadanos e innumerables bajas del ejército leal al gobierno maderista.

El día 18 terminó la Decena Trágica con la aprehensión del presidente y vicepresidente de la República, por parte del general Aureliano Blanquet. Huerta, junto con otros jefes del Ejército Federal defeccionó y con el apoyo del embajador Wilson, se firmó el Pacto de la Embajada.

Pedro Lascuráin obtuvo las renuncias de Madero y Pino Suárez. Se nombró a Huerta ministro de Gobernación y la noche del 22 de febrero de 1913, Francisco Cárdenas y Rafael Pimienta llevaron a Madero y Pino Suárez a la Penintenciaría de Lecumberri, asesinándolos en el trayecto, tras simular un operativo de gente leal a Madero.

Con la conclusión de este episodio trágico, se reinició la lucha revolucionaria al mando de Venustiano Carranza, con el objetivo de restaurar el orden y el Estado de Derecho plasmado en la Constitución de 1857.

Roberto Espinosa de los Monteros

Historiador/Investigador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana.

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